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Emefecistas destacados

    El 28 de Febrero de 1962 Raúl y Esperanza recibieron el sacramento del Matrimonio concibieron 4 hijos todos actualmente casados. Raúl Eduardo (1962), Alma Esperanza (1963), Cecilia Magdalena (1964) y Carlos Alberto (1966) junto a su 4 hijos adicionales (cónyuges).

    El Gran Regalo de Dios, son sus 13 nietos formando en total una Gran Familia de 23 miembros. Iniciaron y vivieron el primer nivel en septiembre del año de 1964 para el segundo nivel ya coordinaban y en 1966 concluyeron su tercer nivel. Este mismo año fueron nombrados coordinadores de zona en el área de la colonia del Prado y Bella Vista de la mano de Carlos y Amalia Guzmán. Mudaron su residencia a la Colonia Contry y volvieron a coordinar Primer Nivel junto a Raúl y Silvia Garza Sloan

    Del 70 al 77 coordinan zona, junto a Roberto y Elizabeth de la Fuente y Raymundo y Olga Cavazos. Durante el trienio (77-80) son llamados a cooperar en el equipo Diocesano con Eduardo y Lupita Arias y continúan durante el trienio que presidieran Guillermo y Anita Díaz (80-83). Continuaron participando con Manuel y Rosy Cardona (83-86) siendo su asistente Diocesano Ramón Calderón (actual Obispo de Linares).

    De 1986-1989 coordinaron zona de primer, segundo y tercer nivel con Salvador y Carmelita González. Para el trienio (89-92) coordinaron zona con Gerardo y Marisela González, del (92-95) en el Decanato de San Juan Bosco con José Luis e Hilda Carranza
Nuevamente se integraron al equipo diocesano de 1995 -1998 junto a Gustavo y Elsita Ferràez.

    A partir de 1998 comienzan a dirigir Encuentros conyugales llamados por Alejandro y Rosy Caballero.
Durante los siguientes trienios, Guillermo y Ma. Elena Novelo (00-03), Ricardo y Lucy Araujo (03-06). Raúl y Esperanza han entregado su vida al apostolado por las familias del Movimiento Familiar Cristiano en Monterrey, son un matrimonio incansable, su fortaleza y unidad a pesar de las adversidades motivan a muchos de nosotros que nos rendimos en la primera dificultad. Sus frutos en nuestra comunidad son abundantes y su huella en el MFC es una vida ejemplar.

   Verdaderamente son dos testimonios de la actuación permanente del Espíritu Santo debemos dar gracias a Dios por su disponibilidad y generosa colaboración, participando con gozo y prontitud en las distintas responsabilidades que les han sido confiadas.